La meditación
2018
En esta instalación Foglino propone una revisión y restauración de la obra escultórica de Emilio Fiaschi (escultor italiano, 1858-1941) La Meditación. Esta obra fue traída a Uruguay desde Italia en 1916 encargada por Carlos Thays (arquitecto, paisajista, urbanista francés que realizó la mayor parte de su obra en Argentina y Uruguay) para adornar la rambla del entonces incipiente barrio de Carrasco en Montevideo, Uruguay. Sin embargo, su último registro data de 1960 ya que estuvo perdida por más de 50 años y hallada en 2016 con sus pies, manos y nariz destruidos. Foglino decide modelar las piezas faltantes en caucho siliconado para reconstruirlas en hielo, el cual se va derritiendo ante los ojos del espectador. Al derretirse, las gotas de agua caen sobre una superficie de metal que se encuentra a nivel del suelo, y el sonido monótono e insistente que provocan es amplificado. A su vez, en una de las paredes de la sala se encuentra una pantalla que va reproduciendo a la par el derretimiento de las piezas en diferentes tomas. Una instalación que trata “sobre lo impermanente y lo efímero en la vida y en el arte, al mismo tiempo que llama la atención sobre la violencia ejercida hacia el patrimonio cultural y la figura femenina” (Machado, M. 2018. parr.3). Para crear esta obra Foglino tomó inspiración del film Roma (1972) del reconocido director de cine italiano Federico Fellini (director de cine y guionista italiano), en especial la escena en la cual antropólogos descubren una enorme villa llena de obras de arte, desde frescos a esculturas, y mientras las van iluminando con su linterna, las obras empiezan a desaparecer, a borrarse ante sus ojos. Una metáfora sobre el poder destructivo de la civilización; no existían previo a su descubrimiento pero una vez desveladas por la humanidad comienzan a desaparecer.